Las piscinas apenas cubren hasta la cintura así que nos pasamos nuestra media hora intentando flotar sin tocar el fondo rodeados de peces de colores. Los peces no nos han sorprendido tanto porque ya los habíamos visto en los días anteriores pero pudimos ver: ¡nuestro primer tubarão! (pequeñito).
Después de la caminata de las piscinas y de tomarnos una refrescante agua de coco hemos repetido nuestra playa favorita, la Praia do Leão. Nos hemos pasado la tarde revolcándonos en las olas y cuando nos hemos dado cuenta ya casi era la hora de la puesta de sol, nuestra última puesta de sol en la isla. Así que hemos asaltado un jeep, ocupando su maletero, que nos ha dejado a 5 minutos del fuerte de Boldró desde dónde hemos contemplado una puesta de sol espectacular.
La vuelta a la pousada la hemos hecho subidos a un buggy de playa.