dimarts, 28 d’abril del 2009

De las selvas bajas a la tierra de los hombres de las nubes

Como os hemos comentado en el post anterior, de Iquitos sólo se puede salir en barco o en avión. La travesía en barco dura unos 6 días así que hemos decidido volar a Tarapoto, situada entre la base de la falda de los Andes y las vastas selvas de la cuenca amazónica. Allí nos hemos quedado a dormir antes de continuar nuestro camino hacia Chachapoyas.

Pronto nos hemos dado cuenta que los autobuses peruanos en zonas remotas no iban a ser como los brasileños o argentinos. En principio debíamos salir a las 9.30 de la mañana y en unas 6 horas estar en Pedro Ruiz para empalmar con un taxi colectivo hasta “Chachas”, cómo la llaman sus habitantes (mejor esta abreviación que la otra opción). Pues bien, hasta las 10.30 el viejo autobús no ha hecho acto de presencia y a mediodía, cuando hemos parado para almorzar, ha desaparecido durante dos horas, supuestamente para hinchar las ruedas. A pesar de todo, la espera no ha estado mal porque hemos podido ver parte del Barça-Chelsea. En fin que en vez de las 16h hemos llegado a Pedro Ruiz casi a las 20h y ya de noche. Eso sí, hay que decir que la carretera que se enfila por las laderas de los Andes a través del bosque nuboso es increíble (todavía tenemos los oídos tapados).

En el taxi colectivo de Pedro Ruiz a Chachas hemos conocido al buen Guinaldo Pizarro, un hombre de unos 60 años, abogado de profesión, que decía ser descendiente directo de Francisco Pizarro, el conquistador de Perú. Es una persona entrañable y dicharachera que nos ha explicado mil batallas y anécdotas de “su abuelito”, como le llama él, y sus descendientes. La verdad es que conversando con él se nos ha amenizado mucho el trayecto y además nos ha enviado a un hotel precioso en la misma plaza de armas que nos ha hecho un precio buenísimo gracias a su recomendación. A las 22h finalmente hemos llegado a Chachapoyas.