dissabte, 11 d’abril del 2009

Tutóia: “Não com certeza”

Como os hemos comentado en posts anteriores esta parte del norte de Brasil es bastante remota e inaccesible. Aquí las carreteras asfaltadas escasean y distancias relativamente cortas pueden requerir varios días de viaje. Los trayectos suelen discurrir entre playas, ciénagas, manglares, dunas o barrizales por lo que el transporte público corre a cargo de “las Toyota”. Además aquí los horarios los dicta la marea y el tiempo que se tarde en llenar la dicha Toyota...

En estas circunstancias y sumando la semana santa que hace que muchos transportes estén llenos, nuestro viaje al parque nacional Lençóis Maranhenses tenía todos los números para convertirse en una odisea, y en efecto, así ha sido.

La primera etapa del viaje desde Jeri hasta el pueblo pesquero de Camocim lo hemos hecho con una Toyota al más puro estilo Paris-Dakar pero bajo una intensa lluvia con lo que nos hemos mojado bastante. Aparte de las dunas, los manglares y las playas hemos tenido que cruzar tres ríos subidos a plataformas guiadas a golpe de bastón. Para los otros ríos el conductor de la Toyota tiene un ayudante que baja del “carro” y busca un camino en función de hasta donde le cubre el agua. Bastante divertido. Después de unas 3 horas y molidos por el traqueteo llegamos a nuestro primer destino: Camocim.

La segunda etapa consistía en ir desde Camocim hasta Parnaíba. En principio en 3 horas de autobús nos plantábamos allí, pero las cosas no iban a ser tan fáciles… Al llegar a la rodoviaria (estación de autobuses) la sonrisa del taxista frotándose las manos ya nos ha puesto la mosca detrás de la oreja y nuestros temores han tardado poco en confirmarse: no hay autobús hasta el lunes y estamos a sábado. Suerte que hemos podido compartir taxi con Sebastien un francés que vive en la Guayana. Dos horas más tarde y con 86 reais menos en el bolsillo nos hemos plantado en nuestro segundo destino: Parnaíba.

La tercera etapa, de Parnaíba hasta Tutóia, ha sido algo más fácil ya que hemos podido coger el autobús de línea. En tres horas hemos llegado a nuestro destino y aquí ha empezado el lío de verdad. Eran las 5 de la tarde y debíamos tomar una Toyota para llegar a Paulino Neves pero nada más bajar del bús otro taxista se ha apresurado a decirnos que hoy ya no había “cajjjro” (carro) pero que mañana a pesar de ser domingo, sí que había y que por lo tanto lo mejor era quedarse a dormir en una pousada (a la cual él nos llevaba por supuesto). Desconfiando bastante hemos esperado hasta el anochecer, pero las Toyotas que han pasado no hacían el recorrido que necesitábamos y preguntando a la gente parecía ser que efectivamente hoy ya era imposible llegar a Paulino Neves. Así que nos hemos ido a la pousada (andando claro) y el lío ha continuado. Después de instalarnos en nuestra habitación hemos bajado a preguntar a qué hora pasaba la Toyota al día siguiente y curiosamente nos hemos encontrado al taxista de la estación junto a un colega.

Ahora decía que el domingo no había transporte a Paulino Neves pero que su cuñado tenía una Toyota que salía por la noche y nos podía llevar (“baratito” claro…). Tras un rato ha aparecido en escena Cacau, el dueño de la pousada que viendo que nos íbamos a ir le habrá echado una bronca al taxista ya que éste ha desaparecido pasando por delante nuestra con la cabeza gacha y sin decir ni “tchau”. Total que por allí no ha pasado ninguna Toyota… Tras un rato Cacau se ha dirigido a nosotros para decirnos que era posible que mañana saliera un transporte. Nosotros ya bastante moscas le hemos preguntado: Pero a ver, ¿hay cajro o no hay cajro? su respuesta ha sido: hay cajro maes não con certeza…

Mañana será otro día…