Ruido, contaminación, suciedad, coches, bicis, motos y rikcshaws amenazando con atropellarte en cada esquina, gente que te rodea para venderte cosas, “hombres santos” dispuestos a desplumarte… ¿Estresante verdad? Pues así es Katmandú, la ciudad dónde hemos pasado la última semana.
Sin embargo la capital del Nepal es una ciudad magnética, no sabemos muy bien por qué, pero nos ha encantado. Quizás sea por sus calles medievales llenas de templos y estupas escondidas o por la simpatía de los Nepalíes, o porque aquí se puede comer lo que uno quiera con la garantía de que será bueno y barato. Pero lo que está claro es que a pesar de ser una ciudad turística, Katmandú conserva una autenticidad y vida que nos han cautivado desde el primer momento.
Nos hemos quedado en el animado barrio del Tamel, lleno de turistas, tiendas de souvenirs, imitaciones de ropa técnica y restaurantes que van desde el nepalí hasta el mexicano pasando por el italiano, el israelita, el chino o el indio.
Este barrio se encuentra cerca de la Durbar Square de Katmandú, la plaza donde hay mayor concentración de edificios importantes y el palacio real que, por cierto, hace muy poco fue el escenario de un episodio digno de la crónica más negra bañada de sangre azul.
Ocurrió el 1 de junio del 2001. Ese día, el príncipe Dipendra (heredero del trono) entró en el palacio real armado y mató a tiros a nueve miembros de su familia incluyendo a su padre; el rey del Nepal. Después de hacer esto se pegó un tiro en la cabeza. Nunca se supo muy bien por qué lo hizo, pero lo más curioso es que el príncipe parricida no murió sino que quedó en coma y en este estado fue nombrado rey del Nepal. La versión oficial dijo que la matanza se había producido de ¡forma accidental! A los dos días murió haciendo innecesario el burdo engaño y sumiendo al país en un profundo estado shock.
Episodios oscuros aparte, también nos hemos acercado a Pashupatinath, dónde los hindús realizan las cremaciones a orillas del sagrado río Bagmati, a la estupa de Bodhnath hacia la cual peregrinan los budistas tibetanos y a las dos antiguas ciudades estado de Patan y Bhaktapur que os explicaremos en otro post.
Mención aparte se merece el “Jazzmandú” un festival de Jazz al que fuimos con Araceli (la hermana de Josefina) que vive en Katmandú. Recordad este nombre: “Soulmates”.



